Copilco, bajo un mar de lava

A inicios de nuestra era, un evento vulcanológico transformó parte del paisaje del sur de la Cuenca de México, la erupción del volcán Xitle dio origen a lo que hoy conocemos como el “pedregal”. Los asentamientos prehispánicos de aquella época quedaron sepultados bajo un mar de lava.

Uno de ellos fue Copilco del cual se tenían noticias desde finales del siglo XIX por pequeños y fortuitos hallazgos en zonas cercanas, pero fue en 1917 cuando el arqueólogo Manuel Gamio emprendió las primeras investigaciones científicas en el sitio y descubrió evidencias culturales del Preclásico.

A partir de 2013, académicos de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos decidieron llevar a cabo investigaciones con nuevas tecnologías y la participación de otras disciplinas.

Los hallazgos

Entre los hallazgos más sobresalientes están los entierros –de adultos y de niños– excavados directamente en el suelo, en fosas cilíndricas (formaciones troncocónicas), o bien dentro de vasijas. Los distintos reportes señalan las precarias condiciones de conservación de los restos óseos; el más completo y mejor preservado se localizó en el túnel 3. De acuerdo con el estudio realizado por especialistas de esa época, se trataba de un individuo adulto, de sexo masculino, de unos 30 años de edad y una estatura de 1.65 m; estaba orientado de este a oeste, con la cara viendo hacia el norte, en decúbito lateral derecho; además, presentaba deformación craneana.

Las formaciones troncocónicas fueron cavadas en el tepetate, con un diámetro de entre 1.30 y 1.60 m, estaban rellenas de arena y cubiertas por cantos rodados de gran tamaño. Además de los enterramientos se localizaron diferentes objetos. Al respecto, Alfonso Toro, basado en los informes de Gabriel Gamio, escribió:

El 15 de Octubre [de 1917] prosiguiendo las exploraciones, se halló una excavación circular de 1. m. 60 c. m… rellena de tierra arenosa y entre ella varias figuras de barro, que desde luego clasificó el Sr. Manuel Gamio como pertenecientes a la “civilización arcaica o de montaña”, por ser verdaderamente típicas, medio anillo de hueso y un diente de Platygonus [jabalí]… (Toro, 1918, p. 5).

Asimismo, se observaron pavimentos de piedras, que bien podrían corresponder a pisos o cimientos de casas. Los informes señalan que esos elementos se encontraban próximos a la base de la lava, por lo que podemos asumir que correspondían al último momento de ocupación del sitio.

Entre los objetos recuperados había: figurillas y silbatos de cerámica, navajas, puntas y núcleos de obsidiana y en menor cantidad fragmentos de pedernal. También se encontraron algunas esculturas, así como metates, molcajetes y manos de piedra. Las investigaciones corroboraron que las evidencias culturales encontradas bajo la lava correspondían exclusivamente al llamado Arcaico o cultura Sub-Pedregalense, como lo propuso Manuel Gamio.

En 1924, por sugerencia de Manuel Gamio, Alfred Kroeber dirigió las nuevas excavaciones en Copilco, del 11 de marzo al 12 de abril. Centró su atención en varios puntos de los túneles (que en ese momento eran ya siete), y realizó calas de 1.50 m de ancho, 1 m de profundidad y 2.4 m de altura. La información le permitió establecer una tipología cerámica, y realizar comparaciones con otros sitios Arcaicos de la Cuenca de México.

En un punto situado fuera de la cantera y a pocos metros al suroeste del túnel 7 (excavación D), se registró un elemento arquitectónico conformado por tres hileras de cantos rodados que formaban “una burda escalera”, lo que sugería que podría corresponder a un altar, como los encontrados en esa época en los cuerpos superiores de la estructura circular de Cuicuilco explorada por Byron Cummings.

Debe mencionarse que a partir de 1918 Copilco fue habilitado como museo de sitio. Durante los cincuenta y sesenta, junto con la zona arqueológica de Cuicuilco y Ciudad Universitaria, fue parte de la ruta cultural más importante en el sur de la ciudad de México. El museo contaba con tres secciones principales: en la primera se destacaban los procesos geológicos y vulcanológicos; la segunda mostraba algunos enterramientos in situ, y en la tercera se presentaban nichos con materiales culturales del Arcaico o Preclásico y mexicas. Debido a la gran humedad y a las pocas condiciones de seguridad, el museo dejó de funcionar a principios de los setenta. A este respecto debemos señalar que el nacimiento de la arqueología científica en nuestro país está ligado estrechamente a la museografía; el mismo Gamio valoró la utilidad de los museos como espacios de conocimiento y exhibición de bienes culturales.

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Autor entrada: Redaccion

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